Montaje de la instalación

Por:  Felipe Chávez G.


Empezamos con un tinto a las 8:30 de la mañana  en la cuadra de las fotocopias,  organizamos la información y llevamos los archivos a imprimir en plotter,  el presupuesto nos da para imprimir 20  fotos en tamaño medio pliego más el texto curatorial y dos pendones de identificación de la exposición.


Llegamos a las ruinas del Hotel Tabary  en la carrera 33 con calle 36,  justo en el centro de la Calle de las Tipografías,  a dos cuadras del centro administrativo de la ciudad.

 

Planeamos el dispositivo de seguridad,  distribución de tareas y materiales.  Entramos con temor y emoción.

 

En el pedazo del segundo piso hay un cambuche donde está el dueño de casa a quien saludamos y le decimos que le vamos a decorar  la casa.  Le damos una gaseosa con pan como gesto de amistad.  El hombre se siente un poco apenado y nos advierde de las posibles plastas en el primer piso,  pero nosotros ya habíamos percibido el olor.

 

Mientras diseñamos apresuradamente la museografía,  dónde poner cada imagen, el dueño de casa nos dice que hace poco unos muchachos pintaron un muro y al día siguiente lo tumbaron y se disculpa diciendo que él es el que cuida el sitio pero que necesita conseguir lo de ir a la farmacia por su medicamento,  al final dice lo obvio  "Si...  yo soy un vicioso,  pero todo bien" y nosotros le respondemos que igual nosotros,  todo bien.

 

Esa confianza nos permite seguir explorando el espacio,  buscando los mejores fragmentos de pared para nuestras imágenes.

Ya con cuatro imágenes en el segundo piso de nuestra sala, la exposición empieza a tomar forma,  aparece el sentido profundo de lo que queríamos plantear:  una mirada desde las ruinas hacia el futuro de la ciudad,  al fondo,  tras las ventanas hay otro ciudad que rebasa incluso el universo que nos habíamos propuesto en la Calle de las Tipografías.


Entonces esa sensación de "pérdida" del pasado deja de ser un grito lastimero para convertirse en el flujo natural de la vida.  Así como el oficio de la tipografía desaparece por el avance de la tecnología,  así mismo estas casa viejas desaparecerán para darle paso a una vía,  no sabemos si eso será mejor o peor,  simplemente sabemos que es el inevitable flujo de la vida de la ciudad.


Y así como nosotros hicimos un registro del oficio y sus máquinas en video y fotografía hoy ponemos esas fotos en unos muros que prontamente tumbarán.  Esas imágenes se borrarán como todos los recuerdos de la vida se recrean,  se transforman y se borran en el flujo interminable del olvido.

Cuando empezamos a pegar las imágenes en el frente de las ruinas nos convertimos en el centro de atención de los transeúntes y los comerciantes de la cuadra,  algunos se acercan y empiezan a visitar la exposición,  identifican las máquinas de las fotografías y dicen que  "eso es lo que era antes la calle de las tipografías".  


Otros se animan a cruzar la cinta amarilla y ver en qué consiste la obra que están realizando y unos de los impresores se acerca para proponer que pongamos la imagen en otro lugar para que se vea mejor,  es decir,  no causamos incomodidad sino todo lo contrario,   parece que leen nuestro ánimo de hacerle un homenaje a la cuadra y sus oficios. 


Un par de vendedores jóvenes se vuelan del trabajo y aceptan nuestra invitación para recorrer la exposición,  se sorprenden y nos comparten su impresión sobre lo viejo y lo que era la calle de las tipografías.


Diany dice que con una persona que visite la exposición se justifica el ejercicio,  pero para ese momento ya habían pasado cuatro asistentes,  más los tres habitantes de la casa,  para nosotros en un lleno total.


Intentando regstrar diferentes planos de la experiencia,  instintivamente caemos en el mismo punto de vista de una foto anterior,  así aparece el resumen de esta exploración:  el antes y el después de las Residencias Tabary:

Ya después del medio día estamos cansados,  asoleados,  llenos de olores,  pero satisfechos,  con la sensación de haber hecho una "obra"  frágil  que se desvanecerá en pocos día,  justo como lo queríamos decir al poner unas frágiles imágenes en un soporte frágil como el papel en la intemperie de unas ruinas que prontamente terminarán de caer.


Visitamos los locales donde nos dieron la información para el video y para toda esta experiencia,  les entregamos el DVD  como gesto de agradecimiento y los invitamos a visitar la exposición,  pero como siempre,  todos están laborando en el diseño,  impresión o venta,  pero prometen que al terminar la jornada se darán una pasada por las ruinas de las residencias.

 

Esperamos que alguien nos avise cuando llegue la retroescabadora del futuro para asistir con nuestras cámaras y pinceles a registrar alguna imagen que sirva como un rastro de memoria de esa calle por la que han pasado los oficios y las historia de la ciudad  y que nosotros recorrimos conociendo a los tipógrafos durante los últimos meses.

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